Abrirse a la experiencia


Tras un proceso terapéutico uno de los cambios que advierte el cliente es el de poder abrirse a la experiencia, en contraste con la actitud de defensa que probablemente había estado manteniendo hasta ahora. 
La experiencia es lo que percibimos del exterior y lo que ocurre en nuestro interior con eso que recibimos del exterior. Esta experiencia es más rica o más pobre en función de la capacidad que tengamos de registrar lo que acontece dentro o fuera de nosotros. Está demostrado que únicamente podemos percibir a través de nuestros sentidos aquellos datos sensoriales que se ajustan a nuestra auto-imagen; el resto de información no la podemos percibir o la distorsionamos por no poder encajarla. Cuando podemos cuestionar esa imagen que tenemos de nosotros mismos, cuando podemos aceptar que quizás la realidad no es lo creemos, es cuando empezamos a flexibilizarnos y a aceptar la experiencia. 
Para ilustrar esto tomemos un caso del que habla Carl Rogers. Se trata de un hombre que llega a terapia sin poder sentir dolor ni malestar libremente, pues estar enfermo significaba, según su código de creencias, ser inaceptable. Tampoco podía sentir amor ni ternura hacia su hija, pues estos sentimientos demostraban debilidad, en contraste con la fachada de fortaleza que él creía que debía mantener. Con el avance de la terapia llegó a aceptar las experiencias de su organismo, a sentir que estaba cansado cuando experimentaba cansancio, a manifestar dolor cuando notaba dolor en el cuerpo, a sentir con libertad el amor que su hija le inspiraba o bien sentir y expresar fastidio hacia ella si era esto lo que le estaba ocurriendo. Pudo vivir plenamente las experiencias de su organismo sin excluirlas de su percepción. 
Aceptar la experiencia es hacernos conscientes de nuestros propios sentimientos y actitudes tal como nos están sucediendo a nivel orgánico, así como percibir con mayor nitidez la realidad del entorno con el que estamos interactuando. Así podemos ver que no todos los árboles son verdes, que no todo el mundo nos rechaza o que las experiencias de fracaso no demuestran nuestra inutilidad pues somos capaces de apreciar y dar valor a los éxitos que conseguimos. En las situaciones nuevas somos capaces de aceptar los hechos tal como son y no los distorsionamos con el objeto de que se ajusten al modelo que nos sirve de guía. Esta capacidad de abrirse a la experiencia nos vuelve más realistas en nuestra actitud frente a la gente y a las situaciones y problemas nuevos, es decir, las creencias pierden rigidez y podemos así tolerar la ambigüedad y soportar gran cantidad de pruebas contradictorias sin vernos obligados a poner fin a la situación.

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