Cuerpo y movimiento expresivo (2ª parte)

0 comentarios




Lugares donde poder realizar Movimiento Expresivo:
En Barcelona - http://www.locorporal.com/el-estudio/
En Lloret de Mar - http://www.vida.cat/

Charla impartida en Girona por invitación de Grup Vida y con motivo de les "1es Jordades de Felicitat i Benestar"

Con el movimiento expresivo ponemos al cuerpo en movimiento porque esa es nuestra naturaleza, es así como vamos adquiriendo la comprensión del mundo y nos integramos en él. Somos ir y venir, expansión y contracción, acción y quietud… Somos seres individuales y a la vez somos el mundo, y como tal nos movemos.
A diferencia del tipo de movimiento que se da en el deporte (con movimientos precisos, en tensión y sostenidos), el movimiento terapéutico induce a encontrar la necesidad sea cual sea: gritar, reír, descansar… sin la necesidad de hacerlo bien, sino con la convicción de que cada participante hace lo que puede. En la continuidad de sesiones se van adoptando plásticas nuevas enriquecidas por la presencia del grupo. La música y las personas nos inspiran. No dejamos de ver como una misma música o un mismo baile es vivido de forma diferente por cada uno de nosotros porque es el eco de las infinitas posibilidades que tenemos a nuestro alcance más allá de lo que ya conocemos, algo diferente a “lo de siempre”. Permitir al cuerpo explorar un nuevo ritmo, seguir una melodía, imitar la plástica del otro, es un estímulo novedoso, una invitación a expandir antiguos circuitos neuronales y a crear otros nuevos. El trabajo con el movimiento expresivo permite ampliar el conocimiento sobre las percepciones, del mismo modo que un masaje no actúa únicamente sobre la zona que lo está recibiendo, sino que activa otras zonas del organismo abriendo conexiones de diferentes niveles emocionales, somáticas y cognitivas.
Hacemos además teatro o jugamos en los movimientos que proponemos: gritamos enfadados o le “hacemos butifarra” a los otros, con la libertad que da hacer algo “de mentira” pero que al mismo tiempo permite expresar cosas que no podemos expresar en ningún otro contexto, teniendo con esto una vivencia interna que facilitará el camino hacia una manifestación más espontánea de lo que nos está ocurriendo.
Con el movimiento expresivo queremos aprovechar el hecho de que nuestras conexiones neuronales se están remodelando constantemente a lo largo de nuestra vida y tenemos con ello la posibilidad de continuar aprendiendo; somos seres creativos capaces de adaptarnos a un mundo en constante cambio y movimiento en el que nada perdura. Es esta neuroplasticidad la que nos permite ser libres, es decir, experimentar nuevas formas de vivenciar las situaciones y seguir en menor medida los dictados de nuestros viejos condicionamientos. Estamos biológicamente preparados para todo esto, y probablemente lo único que nos impide esta libertad es saber que esta es posible y además apostar por ella.

Cuerpo y movimiento expresivo (1ª parte)

0 comentarios




Lugares donde poder realizar Movimiento Expresivo:
En Barcelona - http://www.locorporal.com/el-estudio/
En Lloret de Mar - http://www.vida.cat/


Charla impartida en Girona por invitación de Grup Vida y con motivo de les "1es Jordades de Felicitat i Benestar"

El movimiento expresivo tiene como objetivo el aporte de bienestar. Un bienestar inmediato provocado por la renovación de energía que se concreta en sensaciones de alegría vital o de descanso por haber descargado emociones contenidas, pero tiene además otros efectos de maduración lenta que están relacionados con el crecimiento personal y que normalmente sólo percibimos al comprobar nuestra evolución en el tiempo.
Trabajamos con el cuerpo no por una cuestión de primar este por encima del pensamiento y la emoción, sino porque en realidad todo tiene lugar dentro del cuerpo. Separar entre cuerpo, pensamiento y emoción es hacer una falsa distinción, ya que las personas somos una unidad indivisible. Lo único que podemos hacer es poner la atención en un lugar u en otro pero teniendo en cuenta que sólo estamos observando un fragmento de nosotros mismos. Hay una total interdependencia entre sentir, conocer, emociones y razón. Todo el cuerpo interviene en el conjunto de operaciones necesarias para, por ejemplo, resolver una operación matemática o enamorarse. Por tanto,  los procesos neuronales que experimentamos como mente tienen lugar en el cuerpo. Además los procesos cognitivos, que a priori parecería que únicamente implican a la razón, no son tampoco independientes de los sentimientos y los instintos.
Y con todos estos fenómenos que sin cesar nos están ocurriendo el cuerpo se moldea a lo largo de nuestra vida. Todas nuestras experiencias tienen un registro corporal, y como si del cincel de un escultor se tratara, cada experiencia contribuye a crear la manifestación corporal más adecuada a nuestra experiencia de vida: la postura. Es el resultado de una respuesta creativa a las circunstancias que nos tocan vivir. No hay por tanto errores en la postura corporal.  Si por ejemplo, de niño fui maltratado afectivamente y me quedé convencido de que abrir mi corazón me llevará a más dolor, resultará coherente y funcional que yo me cierre, que mi pecho se hunda, que mis piernas se mantengan rígidas y tensas… En aquellos momentos fue una opción sabia adoptar esta postura para poder neutralizar el dolor de este rechazo afectivo. Y en el momento actual sigo bloqueando lugares estratégicos de mi cuerpo para protegerme de la frustración y el dolor debido a esa costumbre que adquirí y que en tiempos me sirvió para lo que yo estaba necesitando.
Pero estos bloqueos implican una disminución de la circulación energética en algunas zonas y la consecuente congelación de las emociones vinculadas a dichas zonas. Algunas funciones de mi cuerpo quedan disminuidas, dejando de ser yo mismo y pasando a ser un personaje fijado en músculos, huesos y vísceras, es decir, vivo interpretando un papel según el traje a medida que me he fabricado con mi cuerpo. Cada persona acaba teniendo su propia postura, su propia actitud corporal ante las emociones. Ante el miedo hay personas que no respiran, personas que viven alerta, personas que sacan pecho,… Diferentes soluciones ante circunstancias similares. Con el movimiento expresivo podemos relajar los bloqueos (corazas musculares según Reich) y dejar así que surjan emociones que están acordes con el devenir de nuestra vida y que sin embargo solemos contener, esto es, integrar lo que acontece en el cuerpo con lo que acontece en el ambiente.
El cuerpo expresa nuestra historia, pero también lo que somos en este momento y lo que pensamos de nosotros mismos, y por consiguiente, cada evolución o cambio en nuestra manera de sentir y pensar serán acompañados de cambios en el corporales que no siempre serán evidentes a simple vista por muy profundos que estos sean.
Hay evoluciones en nuestro ser que intentamos provocar cuando, respondiendo a nuestras necesidades de adulto, descubro que esa antigua funcionalidad corporal y caracterial ya no me sirven para seguir llevando una vida plena. Descubro que seguir cerrado a los otros por miedo a ser dañado no me permite abrirme al amor o no me permite sentirme seguro en mi trabajo. Y descubro también que en la escultura de mi vida queda mucho por hacer y si bien asuntos clave de mi biografía no los decido yo, si que puedo quizás poner en duda que aquella solución que encontré ante determinadas dificultades sea en estos momentos la única solución. Y estos descubrimientos o cuestionamientos sobre nuestra manera de funcionar a los que probablemente hemos llegado por la vía cognitiva o la vía emocional son también sostenidos por un soporte somático. Lo que hacemos al trabajar sobre el cuerpo es flexibilizarlo y proporcionarle nuevas experiencias individuales y de grupo. 
Con el movimiento expresivo ponemos al cuerpo en movimiento porque esa es nuestra naturaleza, es así como vamos adquiriendo la comprensión del mundo y nos integramos en él. Somos ir y venir, expansión y contracción, acción y quietud… Somos seres individuales y a la vez somos el mundo, y como tal nos movemos.

Bibliografía recomendada:
El análisis del carácter, Alexander Lowen
Ternura y agresividad, Juan José Albert

Impermanencia

0 comentarios




El nacimiento de un hombre es el nacimiento de su pena. Cuanto más vive, más estúpido se vuelve, porque su ansia por evitar la muerte inevitable se hace cada vez más aguda. ¡Qué amargura!



¡Vive por lo que está siempre fuera de su alcance! Su sed de sobrevivir en el futuro le impide vivir en el presente.
Chuang Tzu


Texto de "El libro tibetano de la vida y de la muerte" – Sogyal Rimpoché

¿Quiénes somos? Creemos en una identidad personal, única e independiente, pero, si nos atrevemos a examinarla, comprobamos que esa identidad depende por completo de una interminable colección de cosas que la sostienen: nuestro nombre, nuestra biografía, nuestra pareja y familiares, nuestro hogar, nuestros amigos, nuestro dinero… Es de este frágil y efímero sostén de lo que depende nuestra seguridad. Así que cuando se nos quite todo eso ¿tendremos idea de quienes somos en realidad?

Sin nuestras propiedades conocidas quedamos cara a cara con nosotros mismos: una persona a la que no conocemos, un extraño inquietante con quien hemos vivido siempre pero al que en el fondo nunca hemos querido tratar. ¿Acaso no es ese el motivo de que tratemos de llenar cada instante de ruido y actividad, por aburrida y trivial que sea, para evitar quedarnos a solas y en silencio con ese desconocido?

Vivimos bajo una identidad asumida en un neurótico mundo de cuento de hadas. Hipnotizados por el entusiasmo de construir, hemos edificado la casa de nuestra vida sobre cimientos de arena. Este mundo puede parecer maravillosamente convincente hasta que la muerte nos destruye la ilusión y nos saca de nuestro escondite. ¿Qué será entonces de nosotros si no tenemos la menor idea de ninguna realidad más profunda?

La vida puede ser hueca y fútil cuando se funda en una falsa creencia sobre la continuidad y la permanencia. Cuando vivimos así nos convertimos en inconscientes cadáveres vivientes.

La mayoría vivimos según un plan preestablecido. Pasamos la juventud educándonos. Luego buscamos un trabajo, conocemos a alguien, nos casamos y tenemos hijos. Compramos una casa, procuramos que nuestro negocio tenga éxito, intentamos realizar sueños, hacemos proyectos para nuestra jubilación… Los mayores dilemas que algunos de nosotros hemos de enfrentar es dónde pasar las próximas vacaciones.

Nuestra vida es monótona, mezquina y repetitiva, desperdiciada en la persecución de lo banal, porque al parecer no conocemos nada mejor.

El ritmo de nuestra vida es tan acelerado que en lo último en que se nos ocurriría pensar es en la muerte. Sofocamos nuestro miedo secreto a la impermanencia rodeándonos de más y más bienes, de más y más comodidades, hasta que nos vemos convertidos en sus esclavos. Necesitamos todo nuestro tiempo y toda nuestra energía simplemente para mantenerlos. Nuestra única finalidad en la vida pronto se convierte en conservarlo todo tan seguro y a salvo como sea posible. Cuando se produce algún cambio, buscamos el remedio más rápido, alguna solución ingeniosa y provisional. Y así, a la deriva, va pasando nuestra vida hasta que una enfermedad grave u otra calamidad nos saca de nuestro estupor.


El libro tibetano de la vida y de la muerte – Sogyal Rimpoché

La labor terapéutica

0 comentarios



Texto de María Colodrón, perteneciente a su libro "Muñecos, metáforas y soluciones"


No entiendo la labor terapéutica como una intervención correctiva de mejora o eliminación. Cualquier solución puede darse porque ya estaba en el cliente aunque él no pudiera verla o acceder a ella. La experiencia y la técnica del terapeuta siempre se quedarán pequeñas en comparación con la fuerza y la capacidad de cambio que tiene cada cliente y cada sistema. Creo sinceramente que cada uno de nosotros, por muy difícil que haya sido nuestra infancia, por muy terribles que hayan sido nuestras experiencias vitales, por muy graves que resulten nuestras circunstancias, puede encontrar la forma de transformar las cargas en fuerza, las carencias en madurez, las limitaciones en crecimiento. Tras el dolor siempre podemos encontrar amor. Si nos damos cuenta de que somos un verdadero “milagro” de la vida (¡cuánta gente ha tenido que encontrarse y amarse y nacer y morir para que nosotros estemos aquí!), que somos únicos e insustituibles, quizás podamos empezar a reconciliarnos con todo lo que tuvo que ser, y con todo lo que no pudo ser, para que seamos quienes somos y como somos. Así, la labor del terapeuta es más la de traductor que la de guionista, la de tramoyista que la de director de escena, la de fontanero que desatasca que la de arquitecto que construye. Necesitamos mostrar a nuestro cliente lo que trae consigo, ayudarle a comprender lo que su malestar esconde, facilitar el espacio adecuado para que descubra en sí mismo la fuerza, la dignidad y los recursos que le son propios y que le permitirán dar los pasos necesarios para realizar un cambio constructivo, para encontrar una solución válida.