La recuperación del organismo


A mi entender el hombre completo retorna a la experiencia sensorial y visceral básica, fiándose de todo aquello que le pasa. Cuando esto no es así nos encontramos ante un hombre confundido, dividido entre aquello que está sintiendo y los pensamientos que tiene para regañándose por sentir esto. Sus decisiones se basan más en lo que esperan los demás de él que en lo que quiere él para sí. Esto es así incluso para aquellos que se esfuerzan en contradecir las expectativas ajenas, pues sigue teniendo a los demás en su mirada en lugar de observarse a sí mismo. Dejar de lado lo que los demás esperan significa poder preguntarse ¿qué me pasa? ¿qué quiero? y poder ver de forma realista las satisfacciones e insatisfacciones que cualquier acto me producirá.
Ser realista no es otra cosa que poder ver con absoluta claridad lo que me pasa, aceptando con ello que las cosas no siempre ocurren como creo que deberían suceder, sino que simplemente sucede lo que sucede. Por ejemplo, yo creo que debería amar incondicionalmente a mis padres, pero me doy cuenta de que no sólo experimento amor hacia ellos, sino que también experimento un amargo resentimiento. Aceptar esto significa poder mirarme a mí mismo como una persona que experimenta libremente amor y resentimiento.
Cuando recuperamos la experiencia sensorial y visceral empezamos a equilibrar nuestra manera de estar en el mundo. No filtramos lo que nos ocurre para que la realidad se ajuste a lo que debería ser, sino que junto a “lo que se espera de nosotros” también se tiene en cuenta “lo que nos pide el cuerpo.” Unimos por tanto las reacciones viscerales y sensoriales que tenemos como integrantes del reino animal con las necesidades de socialización que nos hacen humanos. Con esto nos hacemos conscientes de las exigencias culturales, de las necesidades fisiológicas, del deseo de establecer relaciones amistosas, del afán de enaltecerse, de la necesidad de ternura y al mismo tiempo de la hostilidad hacia los otros… Tener todo ello en cuenta, que está sucediendo al mismo tiempo lleva a una conducta equilibrada, realista y estimulante para nosotros y para los demás.
Las decisiones que tomaré en este caso las haré a partir de toda la información que tengo a mi alcance. Conociendo mis propios sentimientos e impulsos, a menudo complejos y contradictorios, las exigencias sociales y lo que me ha ocurrido en el pasado en situaciones parecidas, puedo elegir aquello que más plenamente satisfaga mis necesidades. Una decisión de este tipo no está exenta de equivocación. Puedo elegir mal, pero si mi actitud es la de estar actualizado según la realidad del momento puedo corregir más rápidamente las decisiones erróneas.
En la mayoría de nosotros, los problemas que interfieren en las decisiones provienen de incluir en la consideración elementos que no forman parte de nuestra experiencia y excluyendo otros elementos que sí que la integran. Así por ejemplo una persona puede “pensar” que es capaz de controlarse con la bebida si solo toma una copa de vino, pero si se abre a su experiencia anterior puede darse cuenta de que esto realmente no es así. La persona que descubre que su organismo es digno de confianza siente menos temor hacia sus propias reacciones emocionales aumentando la confianza y el afecto que le despiertan la variedad de sentimientos y tendencias que en él existen. La conciencia deja de controlar un conjunto de sentimientos peligrosos e imprevisibles y acepta la variedad de impulsos, sentimientos y pensamientos que sirven de guía para vivir la vida de manera satisfactoria.

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