Movimiento Expresivo y Salud

El movimiento expresivo es un medio para que la persona pueda realizar un proceso de exploración y autoconocimiento sobre sí misma, en busca de un desarrollo armónico con el que vivir de forma equilibrada. 
Con este trabajo se hacen visibles aspectos desconocidos de nuestra personalidad al identificarlos con trabas físicas y de expresión, pudiendo así liberar o flexibilizar dichas zonas y recuperando recursos de los que disponíamos y que hasta ahora eran desconocidos para nosotros. 
En movimiento expresivo contamos con las herramientas de la música y de las personas que acuden al taller, ya sean instructores o participantes. Mediante la música accedemos a una vía de expresión universal, pues el lenguaje de la música hace que, por ejemplo, una obra de Chopin evoque emociones parecidas en nosotros o en un aborigen australiano. A través de ella podemos entrar en contacto con obras creadas hace muchos siglos o en culturas muy lejanas, o bien rememorar aspectos muy cercanos o familiares con la música que hemos ido escuchando a lo largo de nuestra vida. Es un diálogo con el que nos expresamos que va más allá del tiempo y de la cultura, y que puede despertar en nosotros sensaciones y sentimientos ancestrales, como ocurre cuando uno se ve a sí mismo fuerte, instintivo, pisando el polvo de la tierra cuando está sonando un ritmo tribal. Así se activan los reflejos que teníamos dormidos o latentes y que ahora pasaran a formar parte de nuestra plástica corporal y expresiva. 
Además, la música por si misma tiene un ritmo al que nos podemos unir dejándonos llevar y cediendo el control del movimiento al centro motor, dejando así que descanse el centro intelectual, que por un rato no necesitará llevar el control de la situación. Conseguir esto, además de ser relajante, proporciona una gran sensación de equilibrio. 
Lo que también ayuda al descanso de la mente es la imitación de los instructores, ya que los participantes únicamente tienen que ocuparse de moverse, sin preocuparse de si lo hacen bien o mal, y sin necesidad por tanto de utilizar las ideas o pensamientos para decidir o dirigir, pasando de esta manera la mente a ocupar un lugar de la misma importancia que ocupa el resto de nuestro ser: cuerpo, mente y emoción. 
La imitación, principal forma de aprendizaje de los humanos, ayuda a incorporar nuevos matices a nuestra propia plástica. Pensamos que el carácter de cada persona está fijado en el cuerpo, y al incorporar nuevos movimientos o formas de expresión, también el carácter queda en alguna medida modificado, enriqueciendo con ello nuestras formas de respuesta ante los estímulos que nos ofrece la vida. Cuando en el transcurso de un taller expresamos, con todo el cuerpo y toda la voz, emociones que normalmente no se expresan, se descargan tensiones acumuladas y se aflojan las trabas que nos dificultan o nos restan libertad en la satisfacción de nuestras necesidades vitales.

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