Nuestro lenguaje está estructurado para pensar de esta manera. Decimos me duele la cabeza (me duele eso que no soy yo) en vez de decir me duelo la cabeza, con lo que se perpetúa la fractura existente entre “el cuerpo” y el “yo” dificultando la posibilidad de asumir la responsabilidad de lo que nos pasa, perdiendo de este modo oportunidades de conocernos mejor y quién sabe si de tratarnos mejor. Imaginemos por ejemplo una situación en la que apenas he podido dormir tres horas la noche anterior y durante el día siguiente tengo un humor de perros. Una persona que no se conoce puede decirse “soy insoportable”; y una persona que conoce lo que le ocurre cuando no duerme puede decirse “¡qué humor de perros que tengo!, hoy no aguanto nada ni a nadie. Mejor que duerma algo cuanto antes.” Por desgracia, y con mucha frecuencia, rechazamos nuestro cuerpo, (no me gusta mi barriga), sin ser conscientes de las manifestaciones de autorrechazo que estamos teniendo hacia nosotros, es decir, me distancio de mi a través de la idea que tengo de mí, porque estamos creyendo, sin ser muy conscientes de ello, que mi cuerpo no soy yo.
Como se ha ido viendo hasta ahora, acostumbramos a vernos a nosotros mismos fraccionando o dividiendo el "YO" y entendiendo por tanto que la razón, la emoción y el cuerpo son elementos separados, que quizás influyan un poco el uno en el otro, pero que no deja de ser un curioso incidente, como cuando me doy cuenta que los días en que estoy muy preocupado (razón) me duele más el estómago (cuerpo).
En esta división, el cuerpo es relegado en importancia a la hora de ser tenido en cuenta. Así lo hemos aprendido en nuestro proceso de socialización, en la que la razón trata de imponerse en lo que se debe hacer y lo que no. ¿Quién hoy en día se atreve a tomar un día de descanso en el trabajo por muy cansado que esté? La realidad social entra en conflicto con nuestra necesidad o nuestro deseo y la razón exige al cuerpo que siga trabajando obedientemente.
¿Qué hacer por tanto ante este dilema que tanto sufrimiento provoca? En mi opinión ahora es más importante que nunca poder escucharnos poniendo atención al cuerpo y procurarnos al máximo lo que estamos necesitando: descanso, contacto físico, risa, etc.; necesidades básicas e imprescindibles para seguir adelante en estos tiempos tan complicados.
Para poder saber lo que necesitamos, lo que nos sienta bien y es bueno para nosotros lo único que podemos hacer es escucharnos con las herramientas que tenemos a nuestro alcance: razón, cuerpo y emoción, sin tomar partido ni priorizar a uno por encima del otro, de la misma manera que no priorizamos en nosotros el sistema respiratorio por encima del sistema circulatorio, que además trabajan conjunta y simultáneamente. No puede existir el uno sin el otro, ni en el ejemplo anterior ni en nuestro sistema cuerpo-mente-emoción, y cualquier separación que hagamos es completamente irreal. No existe esa distinción realmente, sino que la hemos fabricado para poder entendernos un poquito. Somos parte de un todo y lo que hacemos es atender a un aspecto u otro de manera selectiva, ya que no podemos prestar atención a todo lo que nos está ocurriendo simultáneamente.
La atención es algo se puede entrenar, y si lo que queremos es entrenar la atención al cuerpo lo mejor es que hagamos trabajos corporales: movimiento expresivo, masajes, yoga, meditación, etc. Lo que sea para poder ser capaces de percibir las sensaciones que se van sucediendo una tras otra, continuamente, y a las que no estamos acostumbrados a prestarles atención, salvo a las que son muy dolorosas o muy placenteras. Entre el dolor (que intentamos evitar a toda costa) y el placer (que perseguimos afanosamente) existe toda una gama y un colorido de sensaciones de las que generalmente somos ajenos, que no están más allá de nuestra epidermis y que nos darán una imagen real de la vida que fluye dentro de nosotros.
Twitter
Facebook
Flickr
0 comentarios: (+add yours?)
Publicar un comentario