Texto de María Colodrón, perteneciente a su libro "Muñecos, metáforas y soluciones"
No entiendo la labor terapéutica como una intervención correctiva de mejora o eliminación. Cualquier solución puede darse porque ya estaba en el cliente aunque él no pudiera verla o acceder a ella. La experiencia y la técnica del terapeuta siempre se quedarán pequeñas en comparación con la fuerza y la capacidad de cambio que tiene cada cliente y cada sistema. Creo sinceramente que cada uno de nosotros, por muy difícil que haya sido nuestra infancia, por muy terribles que hayan sido nuestras experiencias vitales, por muy graves que resulten nuestras circunstancias, puede encontrar la forma de transformar las cargas en fuerza, las carencias en madurez, las limitaciones en crecimiento. Tras el dolor siempre podemos encontrar amor. Si nos damos cuenta de que somos un verdadero “milagro” de la vida (¡cuánta gente ha tenido que encontrarse y amarse y nacer y morir para que nosotros estemos aquí!), que somos únicos e insustituibles, quizás podamos empezar a reconciliarnos con todo lo que tuvo que ser, y con todo lo que no pudo ser, para que seamos quienes somos y como somos. Así, la labor del terapeuta es más la de traductor que la de guionista, la de tramoyista que la de director de escena, la de fontanero que desatasca que la de arquitecto que construye. Necesitamos mostrar a nuestro cliente lo que trae consigo, ayudarle a comprender lo que su malestar esconde, facilitar el espacio adecuado para que descubra en sí mismo la fuerza, la dignidad y los recursos que le son propios y que le permitirán dar los pasos necesarios para realizar un cambio constructivo, para encontrar una solución válida.
Twitter
Facebook
Flickr
0 comentarios: (+add yours?)
Publicar un comentario