¡Vive por lo que está siempre fuera de su alcance! Su sed de sobrevivir en el futuro le impide vivir en el presente.
Chuang Tzu
Texto de "El libro tibetano de la vida y de la muerte" – Sogyal Rimpoché
¿Quiénes somos? Creemos en una identidad personal, única e independiente, pero, si nos atrevemos a examinarla, comprobamos que esa identidad depende por completo de una interminable colección de cosas que la sostienen: nuestro nombre, nuestra biografía, nuestra pareja y familiares, nuestro hogar, nuestros amigos, nuestro dinero… Es de este frágil y efímero sostén de lo que depende nuestra seguridad. Así que cuando se nos quite todo eso ¿tendremos idea de quienes somos en realidad?
Sin nuestras propiedades conocidas quedamos cara a cara con nosotros mismos: una persona a la que no conocemos, un extraño inquietante con quien hemos vivido siempre pero al que en el fondo nunca hemos querido tratar. ¿Acaso no es ese el motivo de que tratemos de llenar cada instante de ruido y actividad, por aburrida y trivial que sea, para evitar quedarnos a solas y en silencio con ese desconocido?
Vivimos bajo una identidad asumida en un neurótico mundo de cuento de hadas. Hipnotizados por el entusiasmo de construir, hemos edificado la casa de nuestra vida sobre cimientos de arena. Este mundo puede parecer maravillosamente convincente hasta que la muerte nos destruye la ilusión y nos saca de nuestro escondite. ¿Qué será entonces de nosotros si no tenemos la menor idea de ninguna realidad más profunda?
La vida puede ser hueca y fútil cuando se funda en una falsa creencia sobre la continuidad y la permanencia. Cuando vivimos así nos convertimos en inconscientes cadáveres vivientes.
La mayoría vivimos según un plan preestablecido. Pasamos la juventud educándonos. Luego buscamos un trabajo, conocemos a alguien, nos casamos y tenemos hijos. Compramos una casa, procuramos que nuestro negocio tenga éxito, intentamos realizar sueños, hacemos proyectos para nuestra jubilación… Los mayores dilemas que algunos de nosotros hemos de enfrentar es dónde pasar las próximas vacaciones.
Nuestra vida es monótona, mezquina y repetitiva, desperdiciada en la persecución de lo banal, porque al parecer no conocemos nada mejor.
El ritmo de nuestra vida es tan acelerado que en lo último en que se nos ocurriría pensar es en la muerte. Sofocamos nuestro miedo secreto a la impermanencia rodeándonos de más y más bienes, de más y más comodidades, hasta que nos vemos convertidos en sus esclavos. Necesitamos todo nuestro tiempo y toda nuestra energía simplemente para mantenerlos. Nuestra única finalidad en la vida pronto se convierte en conservarlo todo tan seguro y a salvo como sea posible. Cuando se produce algún cambio, buscamos el remedio más rápido, alguna solución ingeniosa y provisional. Y así, a la deriva, va pasando nuestra vida hasta que una enfermedad grave u otra calamidad nos saca de nuestro estupor.
El libro tibetano de la vida y de la muerte – Sogyal Rimpoché
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